sábado, 28 de enero de 2017

Historias de vestuarios

Historias de vestuarios

   Durante mi vida he trabajado en distintas fábricas y en todas ellas he encontrado la particularidad de algunos hombres que gustan de permanecer desnudos. Yo los llamo nudistas que no se han dado cuenta que son nudistas.
  Son hombres hétero, casados y con hijos, que gustan de andar desnudos y a veces cumplen con sus ansias de estar como Dios los trajo al mundo, y a veces sólo pueden estar en traje de Adán en los vestuarios del trabajo o del gym.
  Uno de estos hombres era Oscar.
  Oscar es un hombre de pelo castaño claro, piel blanca en las partes donde no da el sol, y bronceado donde sí le daba el sol, como por ejemplo su cara, la parte superior de la espalda, los brazos y la parte inferior de las piernas. Toda esa disparidad de color hacía emocionar porque te dabas cuenta que estabas viendo algo que casi nunca estaba descubierto. Esa parte prohibida que se revelaba ante mis ojos, y que pensándolo de esa manera, me excitaba mucho más.
  No es muy velludo. Tiene un cuerpo regular, delgado, un buen culo bien formado y una verga y bolas bastante apetecibles.
  Contaba Oscar que no le molesta estar desnudo frente a otros hombres, porque le enseñaron en su casa, en su niñez, que todos somos iguales: todos tenemos dos bolas, una pija y todo eso...
  Por mí estaba bien, ¡estaba más que bien! ¡Él podía estar en bolas todo el tiempo que quisiera!
  Y así lo hacía. Se pasaba quizás una hora desnudo mientras los demás se vestían, este muchacho se secaba con toda la tranquilidad del mundo. Tomaba mate desnudo y se exhibía sin tapujos.
También le gustaba preguntar -¿Estoy bastante bien, o no?-
-Claro- Decía yo.
Aunque los otros le comentaban: -La verdad me importa poco...-
Por supuesto, los demás hétero estaban en sus asuntos y no se fijaban mucho en Oscar, pero yo sí. Me encantaba y disfrutaba mucho verlo así.


  En otro lugar de trabajo encontré a otro señor que gustaba de quedarse desnudo todo el tiempo que pudiera.
  Al contrario de lo que algunos pueden pensar, no lo hacía para atraer a otros hombres, si no sólo por el gusto de quitarse la ropa, como si la ropa fuera una molestia.
  Estos hombres heterosexuales sienten total confianza al estar entre sus pares y se muestran en toda su plenitud sin el más mínimo pudor. Este muchacho se llamaba Elías. Tenía un cuerpo promedio, se afeitaba toda su zona genital y le quedaba muy bien.
  En esas épocas era verano así que el calor permitía un mayor despliegue de su desnudez.
  Comentaba, Elías, que en su casa tenía la costumbre de bañarse en la ducha del patio. Luego se secaba al aire libre y se sentía seguro porque el patio de su casa estaba rodeado de una cerca de arbustos podados, de una altura de casi dos metros.
  Aunque contaba que algunas partes ralas dejaban entrever lo que pasaba en el patio de al lado: una vecina espiaba a Elías mientras éste se bañaba en bolas en el patio. Aparentemente esta vecinita traviesa disfrutaba de ver el cuerpo de este hombre, aunque nunca llegaron a concretar nada.
Elías comentaba para sus amigos:
-Si mi mujer me llega a pescar en algo ¡me mata!- Así que por ese motivo nunca llegó a concretar nada con su vecina. Pero todo ese juego de seducción al desnudo era más que excitante para ambos.
  Lo lamentable es que en el mejor momento de la ducha al aire libre siempre aparecía la mujer de Elías con su típico reproche:
-¿Ya estás en pelotas otra vez vos? Te van a ver los vecinos-.
  A lo que Elías le respondía que nadie puede ver. A pesar que él sabía que la vecina lo miraba casi siempre.
  Una fantasía muy caliente es poder soñar con alguien que ves y pensar en todo lo que harías con esa persona. Ya lo conocés desnudo, lo único que falta es poder tocar, saborear, sentir por dentro ese hermoso rabo tieso, y poder hacerlo gozar hasta el momento cúlmine del orgasmo.
 
 Con ellos dos tuve historia, con Elías y con Oscar, pero eso es parte de otro relato...
 
 
 
Todos los derechos reservados a su respectivo autor. El post es de mi total autoría y no contiene partes extraídas de ninguna otra fuente. Los hechos son inspirados en la realidad pero matizados con un gran porcentaje de ficción. Cualquier similitud con la realidad es mera coincidencia.

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